Génesis 27-33

Génesis 27

Jacob obtiene la bendición de Isaac

1 Aconteció que cuando Isaac envejeció y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: –¡Hijo mío! Él respondió: –Aquí estoy.
2–Ya soy viejo –dijo Isaac– y no sé el día de mi muerte.
3 Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo a cazarme algo.
4 Hazme un guisado como a mí me gusta; tráemelo y comeré, para que yo te bendiga antes que muera.
5 Rebeca estaba escuchando cuando Isaac hablaba a su hijo Esaú; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer.
6 Entonces Rebeca habló a su hijo Jacob, diciendo: –Mira, yo he oído a tu padre, que hablaba con tu hermano Esaú diciendo:
7 «Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma y te bendiga en presencia de Jehová antes que me muera».
8 Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando.
9 Ve ahora al ganado y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré con ellos un guisado para tu padre, como a él le gusta.
10 Tú lo llevarás a tu padre, y él comerá, para que te bendiga antes de su muerte.
11 Pero Jacob dijo a Rebeca, su madre: –Mi hermano Esaú es hombre velloso, y yo lampiño.
12 Quizá me palpará mi padre; me tendrá entonces por burlador y traeré sobre mí maldición y no bendición.
13 Su madre respondió: –Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz: vé y tráemelos.
14 Entonces él fue, los tomó y los trajo a su madre, y su madre hizo un guisado como a su padre le gustaba.
15 Después tomó Rebeca los vestidos de Esaú, su hijo mayor, los más preciosos que ella tenía en casa, y vistió a Jacob, su hijo menor.
16 Luego, con las pieles de los cabritos, cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello,
17 y puso el guisado y el pan que había preparado en manos de su hijo Jacob.
18 Entonces este fue a su padre y dijo: –Padre mío. Isaac respondió: –Aquí estoy, ¿quién eres tú, hijo mío?
19–Yo soy Esaú tu primogénito –respondió Jacob–. He hecho como me dijiste. Levántate ahora, siéntate y come de mi caza, para que me bendigas.
20 Entonces Isaac dijo a su hijo: –¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Jacob respondió: –Porque Jehová, tu Dios, hizo que la encontrara delante de mí.
21 Isaac dijo a Jacob: –Acércate ahora y te palparé, hijo mío, para ver si eres o no mi hijo Esaú.
22 Se acercó Jacob a su padre Isaac, quien lo palpó, y dijo: «La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las de Esaú».
23 Y no lo reconoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y lo bendijo.
24 Volvió a preguntar Isaac: –¿Eres tú mi hijo Esaú? Jacob respondió: –Yo soy.
25 Dijo entonces: –Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga. Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió.
26 Y le dijo Isaac, su padre: –Acércate ahora y bésame, hijo mío.
27 Jacob se acercó y lo besó. Olió Isaac el olor de sus vestidos, y lo bendijo, diciendo: «Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová ha bendecido.

28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo y de los frutos de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto.
29 Sírvante pueblos y las naciones se inclinen delante de ti. Sé señor de tus hermanos y ante ti se inclinen los hijos de tu madre. Malditos sean los que te maldigan y benditos los que te bendigan».
30 Aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de su padre Isaac, que Esaú, su hermano, volvió de cazar.
31 E hizo él también un guisado, lo trajo a su padre y le dijo: –Levántese mi padre y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga.
32 Entonces Isaac, su padre, le dijo: –¿Quién eres tú? Y él le dijo: –Yo soy tu hijo, Esaú, tu primogénito.
33 Entonces se estremeció Isaac grandemente, y dijo: –¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio y comí de todo antes que tú vinieras? Yo lo bendije, y será bendito.
34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, lanzó una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: –Bendíceme también a mí, padre mío.
35 Este le dijo: –Vino tu hermano con engaño y tomó tu bendición.
36 Esaú respondió: –Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura y ahora ha tomado mi bendición. Y añadió: –¿No has guardado bendición para mí?
37 Isaac respondió a Esaú, diciéndole: –Yo lo he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino lo he provisto; ¿qué, pues, haré por ti ahora, hijo mío?
38 Dijo entonces Esaú a su padre: –¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? ¡Bendíceme también a mí, padre mío! Y alzó Esaú la voz, y lloró.
39 Entonces Isaac, su padre, habló y le dijo: «Será tu morada lejos de la tierra fértil y del rocío que cae de los cielos.
40 De tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; pero cuando te fortalezcas sacudirás su yugo de tu cerviz».

Jacob huye de Esaú

41 Aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre lo había bendecido, y dijo en su corazón: «Llegarán los días del luto por mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob».
42 Fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú, su hijo mayor; y ella envió a llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: –Esaú, tu hermano, se consuela pensando en matarte.
43 Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz: levántate y huye a casa de mi hermano Labán, en Harán,
44 y quédate con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue,
45 hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti y olvide lo que le has hecho; entonces enviaré yo a que te traigan de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros dos en un solo día?
46 Luego dijo Rebeca a Isaac: –Fastidio tengo de mi vida a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de entre las hijas de Het, como estas, de entre las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?

Génesis 28

1 Entonces Isaac llamó a Jacob, lo bendijo y le mandó diciendo: «No tomes mujer de las hijas de Canaán.
2 Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre.
3 Que el Dios omnipotente te bendiga, te haga fructificar y te multiplique hasta llegar a ser multitud de pueblos;
4 que te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que habitas, la que Dios dio a Abraham».
5 Así envió Isaac a Jacob, el cual fue a Padan-aram, a Labán hijo de Betuel, el arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú.
6 Vio Esaú cómo Isaac había bendecido a Jacob y lo había enviado a Padan-aram, para tomar allí mujer para sí; y que cuando lo bendijo le había mandado diciendo: «No tomarás mujer de las hijas de Canaán»;
7 y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram.
8 Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán no agradaban a Isaac, su padre;
9 y se fue Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer, además de sus otras mujeres, a Mahalat, hija de Ismael hijo de Abraham, hermana de Nebaiot.

Dios se aparece a Jacob en Bet-el

10 Jacob, pues, salió de Beerseba y fue a Harán.
11 Llegó a un cierto lugar y durmió allí, porque ya el sol se había puesto. De las piedras de aquel paraje tomó una para su cabecera y se acostó en aquel lugar.
12 Y tuvo un sueño: Vio una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo. Ángeles de Dios subían y descendían por ella.



13 Jehová estaba en lo alto de ella y dijo: «Yo soy Jehová, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.
14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente,
15 pues yo estoy contigo, te guardaré dondequiera que vayas y volveré a traerte a esta tierra, porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho».
16 Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: «Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía».
17 Entonces tuvo miedo y exclamó: «¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo».
18 Se levantó Jacob de mañana, y tomando la piedra que había puesto de cabecera, la alzó por señal y derramó aceite encima de ella.
19 Y a aquel lugar le puso por nombre Bet-el, aunque Luz era el nombre anterior de la ciudad.
20 Allí hizo voto Jacob, diciendo: «Si va Dios conmigo y me guarda en este viaje en que estoy, si me da pan para comer y vestido para vestir
21 y si vuelvo en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios.
22 Y esta piedra que he puesto por señal será casa de Dios; y de todo lo que me des, el diezmo apartaré para ti».

Génesis 29

Jacob sirve a Labán por Raquel y Lea

1 Siguió luego Jacob su camino y fue a la tierra de los orientales.
2 Vio un pozo en el campo y tres rebaños de ovejas que yacían cerca de él, porque de aquel pozo abrevaban los ganados; y había una gran piedra sobre la boca del pozo.
3 Cuando se juntaban allí todos los rebaños, los pastores corrían la piedra de la boca del pozo y abrevaban las ovejas; luego volvían la piedra a su lugar sobre la boca del pozo.
4 Jacob les preguntó: –Hermanos míos, ¿de dónde sois? –De Harán somos –respondieron ellos.
5–¿Conocéis a Labán hijo de Nacor? –volvió a preguntar. –Sí, lo conocemos –respondieron.
6–¿Está bien? –insistió Jacob. –Muy bien –dijeron los pastores–. Mira, ahí viene su hija Raquel con las ovejas.
7 Él dijo: –Es aún muy de día; no es tiempo todavía de recoger el ganado. Abrevad las ovejas e id a apacentarlas.
8 Ellos respondieron: –No podemos, hasta que se junten todos los rebaños y se remueva la piedra de la boca del pozo. Entonces daremos de beber a las ovejas.
9 Mientras él aún hablaba con ellos, Raquel vino con el rebaño de su padre, porque ella era la pastora.
10 Y sucedió que cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labán, hermano de su madre, y las ovejas de Labán, el hermano de su madre, se acercó Jacob y removió la piedra de la boca del pozo, y abrevó el rebaño de Labán, hermano de su madre.
11 Luego Jacob besó a Raquel, alzó la voz y lloró.
12 Jacob le contó a Raquel que él era hermano de su padre e hijo de Rebeca, y ella corrió a dar la noticia a su padre.
13 Cuando Labán oyó las noticias de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirlo y lo abrazó, lo besó y lo trajo a su casa. Entonces él contó a Labán todas estas cosas.
14 Y Labán le dijo: –Ciertamente eres hueso mío y carne mía. Y estuvo con él durante un mes.
15 Entonces dijo Labán a Jacob: –¿Por ser tú mi hermano me vas a servir de balde? Dime cuál ha de ser tu salario.
16 Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel.
17 Los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y hermoso parecer.
18 Jacob amó a Raquel, y dijo: –Yo te serviré siete años por Raquel, tu hija menor.
19 Labán respondió: –Mejor es dártela a ti que a otro hombre; quédate conmigo.
20 Así sirvió Jacob siete años por Raquel; y le parecieron como pocos días, porque la amaba.
21 Un día dijo Jacob a Labán: –Dame mi mujer, porque se ha cumplido el plazo para unirme a ella.
22 Entonces Labán juntó a todos los hombres de aquel lugar y ofreció un banquete.
23 Pero sucedió que al llegar la noche tomó a su hija Lea y se la trajo; y Jacob se llegó a ella.
24 Labán dio además su sierva Zilpa a su hija Lea por criada.
25 Cuando llegó la mañana, Jacob vio que era Lea, y dijo a Labán: –¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado?
26 Labán respondió: –No es costumbre en nuestro lugar que se dé la menor antes de la mayor.
27 Cumple la semana de esta, y se te dará también la otra por el servicio que me prestes otros siete años.
28 Así lo hizo Jacob. Cumplió aquella semana y él le dio a su hija Raquel por mujer.
29 Asimismo, Labán dio su sierva Bilha a su hija Raquel por criada.
30 Jacob se llegó también a Raquel, y la amó más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años.

Los hijos de Jacob

31 Vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos; en cambio Raquel era estéril.
32 Concibió Lea y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Rubén, porque dijo: «Ha mirado Jehová mi aflicción: ahora me amará mi marido».
33 Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: «Por cuanto oyó Jehová que yo era menospreciada, me ha dado también este». Y le puso por nombre Simeón.
34 Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: «Desde ahora se unirá mi marido conmigo, porque le he dado a luz tres hijos». Por tanto, le puso por nombre Leví.
35 Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: «Esta vez alabaré a Jehová»; por esto llamó su nombre Judá. Y dejó de dar a luz.

Génesis 30

1 Al ver Raquel que no daba hijos a Jacob tuvo envidia de su hermana, y dijo a Jacob: –Dame hijos, o si no, me muero.
2 Jacob se enojó con Raquel y le dijo: –¿Soy yo acaso Dios, que te ha negado el fruto de tu vientre?
3 Entonces ella le dijo: –Aquí está mi sierva Bilha; llégate a ella, y que dé a luz sobre mis rodillas. Así yo también tendré hijos de ella.
4 Le dio a Bilha, su sierva, por mujer, y Jacob se llegó a ella.
5 Bilha concibió y dio a luz un hijo a Jacob.
6 Dijo entonces Raquel: «Me juzgó Dios, pues ha oído mi voz y me ha dado un hijo». Por tanto, llamó su nombre Dan.
7 Concibió otra vez Bilha, la sierva de Raquel, y dio a luz un segundo hijo a Jacob.
8 Y dijo Raquel: «En contienda de Dios he luchado con mi hermana y he vencido». Le puso por nombre Neftalí.
9 Al ver Lea que había dejado de dar a luz, tomó a su sierva Zilpa, y la dio a Jacob por mujer.
10 Y Zilpa, sierva de Lea, dio a luz un hijo a Jacob.
11 Entonces dijo Lea: «Vino la ventura»; y le puso por nombre Gad.
12 Luego Zilpa, la sierva de Lea, dio a luz otro hijo a Jacob.
13 Y dijo Lea: «Para dicha mía, porque las mujeres me llamarán dichosa»; y le puso por nombre Aser.
14 En el tiempo de la siega del trigo halló Rubén en el campo unas mandrágoras que trajo a Lea, su madre. Y dijo Raquel a Lea: –Te ruego que me des de las mandrágoras de tu hijo.
15 Ella respondió: –¿Te parece poco que hayas tomado mi marido, para que también quieras llevarte las mandrágoras de mi hijo? Raquel dijo: –Pues dormirá contigo esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo.
16 A la tarde, cuando Jacob volvía del campo, salió Lea a su encuentro y le dijo: –Llégate a mí, porque a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche.
17 Dios oyó a Lea, que concibió y dio a luz el quinto hijo a Jacob.
18 Y dijo Lea: «Dios me ha dado mi recompensa, por cuanto di mi sierva a mi marido»; por eso lo llamó Isacar.
19 Después concibió Lea otra vez, y dio a luz el sexto hijo a Jacob.
20 Y dijo Lea: «Dios me ha dado una buena dote; ahora vivirá conmigo mi marido, porque le he dado a luz seis hijos». Y le puso por nombre Zabulón.
21 Por último dio a luz una hija, y le puso por nombre Dina.
22 Pero se acordó Dios de Raquel, la oyó Dios y le concedió hijos.
23 Concibió ella y dio a luz un hijo. Y exclamó: «Dios ha quitado mi afrenta»;
24 y le puso por nombre José, diciendo: «Añádame Jehová otro hijo».

Tretas de Jacob y de Labán

25 Cuando Raquel dio a luz a José, Jacob dijo a Labán: –Déjame ir a mi lugar, a mi tierra.
26 Dame a mis mujeres, por las cuales te he servido, y a mis hijos, y déjame ir; pues tú sabes los servicios que te he prestado.
27 Labán le respondió: –Halle yo ahora gracia en tus ojos, y quédate; he experimentado que Jehová me ha bendecido por tu causa.
28 Y añadió: –Señálame tu salario y yo te lo pagaré.
29 Jacob respondió: –Tú sabes cómo te he servido y cómo ha estado tu ganado conmigo,
30 porque poco tenías antes de mi venida, y ha crecido en gran número; Jehová te ha bendecido con mi llegada. Y ahora, ¿cuándo trabajaré también para mi propia casa?
31 Labán le preguntó entonces: –¿Qué te daré? Y respondió Jacob: –No me des nada. Si haces esto por mí, volveré a apacentar tus ovejas.
32 Hoy pasaré por entre tu rebaño y apartaré todas las ovejas manchadas y salpicadas de color y todas las ovejas de color oscuro, y las manchadas y salpicadas de color entre las cabras. Eso será mi salario,
33 y la garantía de mi honradez el día de mañana. Cuando vengas a ver lo que he ganado, toda la que no sea pintada ni manchada en las cabras, y de color oscuro entre las ovejas, se me habrá de tener por robada.
34 Dijo entonces Labán: –Bien, sea como tú dices.
35 Pero Labán apartó aquel mismo día los machos cabríos manchados y rayados, todas las cabras manchadas y salpicadas de color, toda aquella que tenía en sí algo de blanco y todas las de color oscuro entre las ovejas, y las puso en manos de sus hijos.
36 Y puso tres días de camino entre él y Jacob. Mientras tanto, Jacob apacentaba las otras ovejas de Labán.
37 Tomó entonces Jacob varas verdes de álamo, de avellano y de castaño, y labró en ellas unas franjas blancas, descubriendo así lo blanco de las varas.
38 Puso las varas que había descortezado delante del ganado, en los canales de los abrevaderos adonde venían a beber agua las ovejas, las cuales procreaban cuando venían a beber.
39 Así concebían las ovejas delante de las varas; y parían borregos listados, pintados y salpicados de diversos colores.
40 Apartaba Jacob los corderos, y ponía con su propio rebaño los listados y todo lo que era oscuro del hato de Labán. Y ponía su hato aparte, no con las ovejas de Labán.
41 Y sucedía que cuantas veces se hallaban en celo las ovejas más fuertes, Jacob ponía las varas delante de ellas en los abrevaderos, para que concibieran a la vista de las varas.
42 Pero cuando venían las ovejas más débiles, no las ponía; así, las más débiles eran para Labán y las más fuertes para Jacob.
43 Y se enriqueció Jacob muchísimo, y tuvo muchas ovejas, siervas y siervos, camellos y asnos.

Génesis 31

1 Jacob oía las palabras de los hijos de Labán, que decían: «Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de nuestro padre ha adquirido toda esta riqueza».
2 Miraba también Jacob el semblante de Labán, y veía que no era para con él como había sido antes.
3 Entonces Jehová dijo a Jacob: «Vuélvete a la tierra de tus padres, a tu parentela, y yo estaré contigo».
4 Envió, pues, Jacob a llamar a Raquel y a Lea al campo donde estaban sus ovejas,
5 y les dijo: –Veo que vuestro padre ya no me mira como antes; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo.
6 Vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre;
7 pero vuestro padre me ha engañado y me ha cambiado el salario diez veces, si bien Dios no le ha permitido que me hiciera daño.
8 Si él decía: «Los pintados serán tu salario», entonces todas las ovejas parían pintados; y si decía: «Los listados serán tu salario», entonces todas las ovejas parían listados.
9 Así quitó Dios el ganado de vuestro padre y me lo dio a mí.
10 «Sucedió, cuando las ovejas estaban en celo, que alcé yo mis ojos y vi en sueños que los machos que cubrían a las hembras eran listados, pintados y abigarrados.
11 Y me dijo el ángel de Dios en sueños: «Jacob». Y yo respondí: «Aquí estoy».
12 Entonces él dijo: «Alza ahora tus ojos, y verás que todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y abigarrados, pues yo he visto todo lo que Labán te ha hecho.
13 Yo soy el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra y donde me hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra; vuélvete a la tierra donde naciste».
14 Respondieron Raquel y Lea, y le dijeron: –¿Tenemos acaso parte o heredad en la casa de nuestro padre?
15 ¿No nos tiene ya por extrañas, pues que nos vendió y hasta se ha comido del todo lo que recibió por nosotras?
16 Toda la riqueza que Dios le ha quitado a nuestro padre es nuestra y de nuestros hijos; ahora, pues, haz todo lo que Dios te ha dicho.

Jacob huye de Labán

17 Se levantó, pues, Jacob y montó a sus hijos y a sus mujeres sobre los camellos;
18 y puso en camino todo su ganado y todo cuanto había adquirido (el ganado de la ganancia que había obtenido en Padan-aram), para volverse a Isaac, su padre, en la tierra de Canaán.

19 Como Labán había ido a trasquilar sus ovejas, Raquel hurtó los ídolos de su padre;
20 y Jacob engañó a Labán, el arameo, no diciéndole que se iba.
21 Huyó, pues, con todo lo que tenía; se levantó, pasó el Éufrates y se dirigió a los montes de Galaad.
22 Al tercer día le dijeron a Labán que Jacob había huido.
23 Entonces Labán tomó consigo a sus parientes, y fue tras Jacob. Siete días después lo alcanzó en los montes de Galaad.
24 Pero aquella noche vino Dios en sueños a Labán, el arameo, y le dijo: «Cuídate de no hablarle a Jacob descomedidamente».
25 Alcanzó, pues, Labán a Jacob, que había fijado su tienda en el monte; y acampó Labán con sus parientes en los montes de Galaad.
26 Entonces dijo Labán a Jacob: –¿Qué has hecho? ¿Por qué me has engañado y te has llevado a mis hijas como prisioneras de guerra?
27 ¿Por qué te escondiste para huir, y me engañaste, y no me lo hiciste saber para que yo te despidiera con alegría y con cantares, con tamborín y arpa?
28 Pues ni aun me dejaste besar a mis hijos y a mis hijas. Esta vez has obrado locamente.
29 Poder hay en mi mano para haceros daño; pero el Dios de tu padre me habló anoche diciendo: «Cuídate de no hablarle a Jacob descomedidamente».
30 Y ya que te ibas, pues añorabas la casa de tu padre, ¿por qué hurtaste mis dioses?
31 Respondió Jacob a Labán: –Porque tuve miedo, pues pensé que quizá me quitarías por fuerza tus hijas.
32 Aquel en cuyo poder halles tus dioses, ¡que no viva! Reconoce delante de nuestros hermanos lo que yo tenga tuyo, y llévatelo. Ciertamente Jacob no sabía que Raquel los había hurtado.
33 Entró Labán en la tienda de Jacob, en la tienda de Lea y en la tienda de las dos siervas, y no los halló. Salió de la tienda de Lea y entró en la tienda de Raquel.
34 Pero Raquel tomó los ídolos y los puso en la montura de un camello, y se sentó sobre ellos. Labán rebuscó por toda la tienda y no los encontró.
35 Entonces ella dijo a su padre: –No se enoje mi señor, si no me puedo levantar delante de ti, pues estoy con el período de las mujeres. Como Labán siguió rebuscando sin hallar los ídolos,
36 Jacob se enojó y riñó con Labán, diciéndole: –¿Qué falta cometí? ¿Cuál es mi pecado, para que con tanto ardor hayas venido en mi persecución?
37 Al registrar todas mis cosas, ¿qué has hallado de todos los enseres de tu casa? Ponlo aquí delante de mis hermanos y de los tuyos, y juzguen entre nosotros.
38 Estos veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas.
39 Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado, así de día como de noche, a mí me lo cobrabas.
40 De día me consumía el calor y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos.
41 Así he estado veinte años en tu casa: catorce años te serví por tus dos hijas y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces.
42 Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham y Terror de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios ha visto mi aflicción y el trabajo de mis manos, y anoche te reprendió.
43 Respondió Labán y dijo a Jacob: –Las hijas son hijas mías; los hijos, hijos míos son; las ovejas son mis ovejas, y todo lo que tú ves es mío: ¿qué les puedo yo hacer hoy a estas mis hijas, o a los hijos que ellas han dado a luz?
44 Ven ahora, pues, y hagamos pacto tú y yo, y sirva por testimonio entre nosotros dos.
45 Entonces Jacob tomó una piedra y la levantó por señal.
46 Y dijo Jacob a sus hermanos: –Recoged piedras. Tomaron, pues, piedras e hicieron un montón, y comieron allí sobre aquel montón.
47 Labán lo llamó «Jegar Sahaduta»; y Jacob lo llamó «Galaad».
48 Entonces Labán dijo: –Este montón de piedras es testigo hoy entre nosotros dos. Por eso fue llamado su nombre Galaad;
49 y también Mizpa, por cuanto dijo: –Vigile Jehová entre tú y yo cuando nos apartemos el uno del otro.
50 Si maltratas a mis hijas o si tomas otras mujeres además de mis hijas, aunque nadie esté con nosotros, mira, Dios es testigo entre nosotros dos.
51 Dijo más Labán a Jacob: –Mira este montón de piedras y esta señal que he erigido entre tú y yo.
52 Testigo sea este montón de piedras y testigo sea esta señal, que ni yo pasaré de este montón de piedras para ir contra ti ni tú pasarás de este montón ni de esta señal para ir contra mí, para nada malo.
53 Que el Dios del padre de nuestros padres, el Dios de Abraham y el Dios de Nacor, juzgue entre nosotros. Jacob juró por aquel a quien temía Isaac, su padre.
54 Luego Jacob inmoló víctimas en el monte, y llamó a sus hermanos a comer pan. Ellos comieron pan y durmieron aquella noche en el monte.
55 Se levantó Labán de mañana y besó a sus hijos y a sus hijas; los bendijo, partió y se volvió a su lugar.

Génesis 32

Jacob se prepara para el encuentro con Esaú

1 Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro unos ángeles de Dios.
2 Dijo Jacob cuando los vio: «Campamento de Dios es este», y llamó a aquel lugar Mahanaim.
3 Envió Jacob mensajeros por delante al encuentro de su hermano Esaú, a la tierra de Seir, campo de Edom.
4 Y los mandó diciendo: «Diréis a mi señor Esaú: «Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he vivido, y con él he estado hasta ahora;
5 tengo vacas, asnos, ovejas, siervos y siervas; y envío este mensaje a mi señor, para hallar gracia en tus ojos «». p>
6 Los mensajeros regresaron a Jacob, y le dijeron: –Fuimos a ver a tu hermano Esaú; él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres vienen con él.
7 Jacob tuvo entonces gran temor y se angustió; distribuyó en dos campamentos el pueblo que tenía consigo, y las ovejas, las vacas y los camellos,
8 porque pensó: «Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el otro campamento escapará».
9 Luego dijo Jacob: «Dios de mi padre Abraham y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: «Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien»,
10 ¡no merezco todas las misericordias y toda la verdad con que has tratado a tu siervo!; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora he de atender a dos campamentos.
11 Líbrame ahora de manos de mi hermano, de manos de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera a la madre junto con los hijos.
12 Y tú has dicho: «Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que por ser tanta no se puede contar»».
13 Durmió allí aquella noche, y tomó de lo que le vino a la mano un regalo para su hermano Esaú:
14 doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros,
15 treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos.
16 Lo entregó a sus siervos, cada manada por separado, y dijo a sus siervos: –Pasad delante de mí y poned espacio entre manada y manada.
17 Mandó al primero, diciendo: –Si mi hermano Esaú te encuentra y te pregunta: «¿De quién eres? ¿y adónde vas? ¿y para quién es esto que llevas delante de ti?»,
18 entonces dirás: «Es un regalo que tu siervo Jacob envía a mi señor Esaú. También él viene detrás de nosotros».
19 Mandó también al segundo, al tercero y a todos los que iban detrás de aquellas manadas, diciendo: –Esto mismo diréis a Esaú, cuando lo halléis.
20 Y diréis también: «Tu siervo Jacob viene detrás de nosotros». Pues Jacob pensó: «Apaciguaré su ira con el regalo que va delante de mí, y después veré su rostro. Quizá así me acepte».
21 Pasó, pues, el regalo delante de él, y él durmió aquella noche en el campamento.

Jacob lucha con el ángel en Peniel

22 Se levantó aquella noche, tomó a sus dos mujeres, a sus dos siervas y a sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc.
23 Los tomó, pues, y les hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía.
24 Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.

25 Cuando el hombre vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.
26 Y dijo: –Déjame, porque raya el alba. Jacob le respondió: –No te dejaré, si no me bendices.
27–¿Cuál es tu nombre? –le preguntó el hombre. –Jacob –respondió él.
28 Entonces el hombre dijo: –Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.
29–Declárame ahora tu nombre –le preguntó Jacob. –¿Por qué me preguntas por mi nombre? –respondió el hombre. Y lo bendijo allí mismo.
30 Jacob llamó Peniel a aquel lugar, porque dijo: «Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma».
31 Ya había pasado de Peniel cuando salió el sol; y cojeaba a causa de su cadera.
32 Por esto, hasta el día de hoy no comen los hijos de Israel del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo, porque Jacob fue tocado en este sitio de su muslo, en el tendón que se contrajo.

Génesis 33

Reconciliación entre Jacob y Esaú

1 Alzó Jacob sus ojos y vio que venía Esaú con cuatrocientos hombres; entonces repartió él los niños entre Lea, Raquel y las dos siervas.
2 Puso las siervas y sus niños delante, luego a Lea y sus niños, y detrás a Raquel y a José.
3 Y él pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano.
4 Pero Esaú corrió a su encuentro y, echándose sobre su cuello, lo abrazó y besó; los dos lloraron.

5 Después Esaú levantó sus ojos, vio a las mujeres y los niños y dijo: –¿Quiénes son estos? –Son los niños que Dios ha dado a tu siervo –dijo Jacob.
6 Luego vinieron las siervas y sus hijos, y se inclinaron.
7 Vino Lea con sus hijos, y se inclinaron; y después llegaron José y Raquel, y también se inclinaron.
8 Preguntó entonces Esaú: –¿Qué te propones con todos estos grupos que he encontrado? –Hallar gracia a los ojos de mi señor –respondió Jacob.
9 Dijo entonces Esaú: –Suficiente tengo yo, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo.
10 Jacob replicó: –No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia a tus ojos, acepta mi regalo, porque he visto tu rostro como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanta bondad me has recibido.
11 Acepta, te ruego, el regalo que te he traído, pues Dios me ha favorecido y todo lo que hay aquí es mío. E insistió hasta que Esaú lo tomó.
12 Y dijo Esaú: –Anda, vamos; yo iré delante de ti.
13 Jacob respondió: –Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo ovejas y vacas paridas; si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas.
14 Pase ahora mi señor delante de su siervo, y yo me iré poco a poco al paso del ganado que va delante de mí y al paso de los niños, hasta que llegue a Seir, donde está mi señor.
15 Dijo Esaú: –Dejaré ahora contigo parte de la gente que viene conmigo. Jacob respondió: –¿Para qué, si he hallado gracia a los ojos de mi señor?
16 Así volvió Esaú aquel día por su camino a Seir.
17 Y Jacob fue a Sucot; allí se edificó una casa e hizo cabañas para su ganado; por tanto, puso por nombre Sucot a aquel lugar.
18 Después Jacob, cuando regresaba de Padan-aram, llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán, y acampó delante de la ciudad.
19 Compró a los hijos de Hamor, padre de Siquem, por cien monedas, la parte del campo donde había plantado su tienda,
20 erigió allí un altar y lo llamó «El-Elohe-Israel».